Maestro Rolland nació en Montevideo – Uruguay, el 1º. de setiembre de 1929 y dejó la existencia física el 13 de febrero de 2020 en San Pablo – Brasil.
Sus padres fueron Samuel Berniger y Basia Litman, ambos de origen judío que residían en Francia.
Cuando su madre estaba en el séptimo mes de embarazo, su padre recibió un místico mensaje que le decía que su hijo debía nacer en una nación cuya bandera tuviera el sol. La tierra elegida fue Uruguay y lo que en ese momento pareció una locura, en realidad fue lo que más adelante le salvó la vida. El nombre que recibió, fue Manuel, pero su padre lo llamaba Rolland. Había combinado la palabra “Ro”, por “Ra” que significa sol en egipcio y “land” de origen alemán que significa tierra, de donde se traduce como “Tierra del Sol”. Cuando tenía poco más de un año de edad regresaron a Europa.
Su primera formación fue en Francia y luego en Alemania. Allí comenzó también sus primeros estudios de Torah, recibiendo la influencia de la religiosidad de su madre y asimilando la gran vocación de su padre que era médico psiquiatra, impregnada de mística y humanismo.
Al estallar la segunda guerra mundial, escapando del infierno en que se había transformado Europa, se ampararon en una ley aprobada en Uruguay en 1930, por la cual todos los extranjeros con hijos nacidos en ese país, podían adquirir la ciudadanía. Fue así que gracias a aquel milagroso mensaje recibido antes de su nacimiento, embarcaron con pasaporte uruguayo en el puerto de Burdeos en Francia, pero su padre que había decidido no recurrir a ese pasaporte, fue llevado a un campo de concentración.
Si bien desembarcaron en Montevideo con todas sus pertenencias, al no tener donde residir, ni nadie conocido que los recibiera, su destino fue Argentina, Entre Ríos, la estancia de una amiga de su madre.
A los catorce años y sin hablar español se dedicó a las tareas del campo junto a la peonada, donde era uno más. Su sueldo era por comida y trabajaba de sol a sol. Poco tiempo después partió para Buenos Aires, con el objetivo de estudiar y crecer.
Cuando estaba en el campo, comenzó a recibir mensajes y ayudó a muchos peones, orientándolos sobre diversas situaciones, razón por la cual ellos lo llamaban el «turquito vidente». Luego de llegar a la capital, fue al encuentro del Rabí Shimon Ben Levi, a quien entregó una carta escrita por su padre. En ella hablaba de su deseo de formar a su hijo en la Kabalah. El mensaje más importante dejado por su padre era que en el momento de que Rolland fuera Iniciado, le dijera que su Ka, su Espíritu Guía, sería una sacerdotisa del Antiguo Egipto, llamada Astenkeph.
El joven quedó sorprendido, ya que todos recibían espíritus de Rabinos kabalistas famosos y él recibió es de una mujer egipcia. Con el tiempo, consiguió integrarse totalmente a ella, la que se convirtió en su principal apoyo, en su gran guía y con amor infinito lo protegió en su camino y engrandeció su vida.
Sus comienzos en Buenos Aires, fueron tiempos muy difíciles. Conoció el hambre y la miseria. Dormía en la estación del subterráneo y limpiaba vidrios a cambio de unos pocos centavos. Estudió, trabajó y fue creciendo en todos los planos, sin embargo su pasión fue siempre la mística y la Kabalah. A los dieciséis años ya lo conocían en Buenos Aires como el “turquito vidente”.
Entre todas las personas que se acercaban a consultarlo llegó alguien que marcó su camino: Eva Perón. Su encuentro con Eva fue mucho antes de ser Primera Dama. Ella se encontraba muy deprimida y una amiga que conocía a Rolland, le dijo que lo viera, que le preguntara algo sobre su futuro… Al conocerla y tomar su mano, le dijo que tenía una estrella y que iba a ser: “la mujer más importante de la Argentina”. Esto estaba muy lejos de lo que ella quería escuchar y no creyó en él. Al tiempo recordó las palabras de aquel muchacho del bar de la calle Esmeralda y fue por él. Quiso decirle que no se había equivocado. Lo recibió en la residencia de Olivos y en reconocimiento, le ofreció un consultorio sobre la calle Rivadavia, que significó un gran cambio en su vida.
Estudió medicina y psicología, pero a lo largo de todo ese tiempo, la única compañía segura fue la de su Espíritu Guía Astenkeph. Escuchaba sus mensajes y así podía saber la realidad de las personas que consultaban, dejándolas absolutamente sorprendidas y agradecidas. Fue quien le hizo sentir que debía ir a Egipto a encontrarse con su esencia y las raíces de la Kabalah.
Así comenzó su búsqueda por las tierras del Nilo. Viajó catorce veces. Pasaba horas en el museo de “El Cairo”, hasta que logró conocer a quien se convirtió con el tiempo en su querido Maestro Elías. Asesor del museo, un ser de enorme cultura que le enseñó todo sobre tumbas, papiros, templos, monumentos, pirámides y jeroglíficos. Lo introdujo en los secretos y la mística del antiguo Egipto, lo hizo sentir aquella civilización y vibrar con el alma de los que habitaron allí. Profundizó su investigación en la Dinastía XVIII, la época en que vivió su Ka y quiso saber todo de ella: su cultura, su religión, sus rituales y tradiciones, su forma de vivir. También su forma de comer, su agricultura, su forma de comunicarse, su lenguaje, así como su romanticismo, su forma de amar, su belleza… su medicina, sus terapias, cómo curaban y cómo ayudaban los sacerdotes en sus templos.
Este afán por conocer todo, le dio una luz para comprender Egipto a través de cinco mil años de historia. No se consideraba un egiptólogo, sino un enamorado de Egipto. Muy lejos quedó después de todo esto, el “turquito vidente”. Se había convertido en un hombre de profundo conocimiento, un médico, un Maestro, un gran conocedor del Antiguo Egipto, especialmente de un período de su historia (Dinastía XVIII, reinado del faraón Akenatón) y había descubierto la esencia de la Kabalah, había llegado a la sabiduría del Ka ba esh o Kabash.
A la edad de cuarenta años, nace en él la necesidad de transmitir todo el conocimiento que había atesorado. Desde entonces el Maestro Rolland, se dedicó a ello incansablemente, enseñando a través de cursos, conferencias, publicaciones y audiciones radiales en varios países.
El Maestro Rolland transmitió un pensamiento inspirado en grandes sabios y filósofos, comenzando por Hermes, el Gran Maestro del hombre de todos los tiempos, integrando además la esencia humanista de los Sacerdotes Médicos del Antiguo Egipto, especialmente Ptah Otep (creador de la primera Escuela de Medicina, (DXII) y Ka Ptah (DXVIII)
Su pensamiento se acerca a los principios de Descartes y se identifica con la filosofía de Spinoza y su concepción de Dios presente en cada partícula de la Creación. Gran estudioso de Freud, subrayó siempre la mística de sus experiencias dentro del psicoanálisis. Se consideró admirador de Cervantes y Goethe, respetando el profundo conocimiento del ser humano que sus obras manifiestan.
Fue también gran admirador de Luria, quien plantea por primera vez que la Kabalah no debería ser sólo para los judíos, sino para todos los hombres bien inspirados.
Su capacidad de penetrar en el alma humana hizo que fuera consultado por un sin fin de personas, muchas reconocidas: científicos, artistas, religiosos, empresarios, políticos, jefes de estado y tantos otros.
Trabajó junto al Dr. Maffei, (Walter Edgard 1905-1991) destacado neuro patólogo y profesor universitario, dictando conferencias para los médicos del Hospital “ Santa Casa” en San Pablo, Brasil. También colaboró con el Dr. Lyra. reconocido psiquiatra brasileño en algunas de sus obras acerca de la Kabalah y de cómo llegar al paciente más allá de lo conocido por la ciencia.
Los libros del Maestro Rolland (más de treinta títulos publicados), son de hondo contenido humanista y constituyen un importante medio de propagación de sus enseñanzas, dirigidas a la superación del ser humano en todos sus planos.
Fue premiado con la Manzana de Plata y la Manzana de Cristal por la Fundación “Arte y Cultura de Buenos Aires” (Manzana de Las Luces 1993), recibiendo el premio máximo Manzana de Oro, otorgado en la Feria del Libro de Buenos Aires en el año 2000. Participó como columnista semanal del Diario uruguayo Últimas Noticias (1999-2002) y en la revista Meditaçao (Editora Tres, San Pablo – 2002).
Siguiendo los preceptos de Hermes que enseñan al místico una moral de comprender y ayudar, el Maestro Rolland dedicó años de su vida a la ayuda en zonas carenciadas, tanto en Brasil como en Uruguay.
Es importante destacar su tarea en el Cotolengo Don Orione, donde conoció a un ser extraordinario, el Padre Sacarello, quien por su inmensa capacidad de servir, fue considerado por él, uno de sus tres grandes Maestros.
Durante más de veinte años realizó en el predio donde se encuentra la Pirámide Nefrú, junto a sus discípulos, distintas acciones sociales que incluyeron desde entrega de juguetes en la fiesta de Reyes, entrega de canastas de alimentos, ropas de abrigo, útiles escolares, así como atención psicológica gratuita.
Su actividad se desarrolló principalmente en Uruguay, Argentina, Brasil y Chile, países donde existieron durante muchos años distintos Centros para el estudio y la práctica de sus enseñanzas.
El primer Centro lo fundó en Uruguay en el año 1971 y estaba ubicado en la Ciudad de Montevideo, en la Calle Ituzaingó 1295.
En el año 1987 inauguró la Pirámide que construyera junto a sus discípulos, en el departamento de San José, Uruguay. La misma constituye en la actualidad el epicentro de su legado y su presencia espiritual.